?

Log in

Las · Amistades · Peligrosas


Carta CLXXLV: El Caballero Danceny a la Señora de Rosemonde

Recent Entries · Archive · Friends · Profile

* * *
Usted tiene razón, señora, y puede estar segura de que no he de negarle nada que de mí dependa y que tenga para usted importancia. El paquete que me honro de enviarle contiene todas las cartas de mademoiselle de Volanges. Si las lee, no podrá ver, sin asombro, que pueda reunirse tanta iniquidad y tanta perfidia. Esta es, por lo menos, la impresión que me ha hecho su última lectura.

Pero, sobre todo, ¿puede dejarse de sentir la más viva indignación contra madame de Merteuil, cuando se recuerda con qué abominable placer ha puesto todos los medios posibles para abusar de tanto candor e inocencia?

No, yo no la amo. No conservo rastro de un sentimiento traicionado tan indignamente; y no es el amor lo que me impulsa a tratar de justificar a mademoiselle de Volanges. Pero, sin embargo, aquel corazón tan sencillo, aquel carácter tan dulce y tan dócil, ¿no hubieran podido ser conducidos al bien, con mayor facilidad todavía que han sido arrastrados al mal? ¿Qué joven recién salida del convento, sin experiencia y casi sin ideas, y sin llevar a la sociedad, como casi siempre sucede, más que la misma ignorancia para el bien que para el mal, qué joven, digo, hubiera podido resistir más a tan execrables artificios? ¡Ah! para ser indulgente, es necesario reflexionar qué serie de circunstancias independientes de nosotros, nos ponen en la pavorosa alternativa de la delicadeza y de la depravación de nuestros sentimientos. Usted me hace, pues, justicia, señora, suponiendo que los extravíos de mademoiselle de Volanges, que he deplorado muy vivamente, no me inspiran, sin embargo, ninguna idea de venganza. ¡Bastante es tener que renunciar a amarla! ¡Me costaría mucho aborrecerla!

No necesito reflexión alguna para desear que todo cuanto a ella concierne y pueda perjudicarla, quede por siempre ignorado del mundo entero. Si ha parecido que yo dilataba algo satisfacer los deseos de usted sobre este punto, creo poder no ocultarle el motivo; he querido antes estar seguro de que no sería molestado a consecuencia de mi desgraciado lance. En un tiempo que solicitaba su indulgencia y me atrevía a creerme con ciertos derechos a ella; hubiera temido aparecer con la intención de comprar a usted con alguna condescendencia por mi parte; y, seguro de la pureza de mis razones, he tenido, lo confieso, el orgullo de querer que usted no lo pusiera en duda. Espero que perdonará esta delicadeza, acaso excesivamente susceptible, a la veneración que me inspira, y a la mucha importancia que concedo a su estimación.

Este mismo sentimiento, me hace pedirle como último favor, que tenga a bien decirme si cree que he cumplido todos los deberes que me han impuesto las desgraciadas circunstancias de que me he visto rodeado. Una voz tranquilo sobre este asunto, mi resolución está ya tomada: salgo para Malta; voy a hacer allí gustoso y a observar religiosamente votos, que me separarán de un mundo en el cual, tan joven aún, he tenido ya tanto de que lamentarme; iré allí, por último, a buscar el modo de borrar, bajo un cielo extranjero, la idea de tantos horrores acumulados, y cuyo recuerdo no podría más que entristecer y atormentar mi alma.

Soy con respeto, señora, su humilde, etc.

París, 26 de diciembre de 17...
* * *