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Las · Amistades · Peligrosas


CARTA CLXIX: EL CABALLERO DANCENY A LA SEÑORA DE ROSEMONDE

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Señora: quizás encuentre usted muy extraño el paso que voy a dar; pero le ruego que me escuche antes de juzgarme, y que no vea ni audacia, ni temeridad, donde no hay más que respeto y confianza. No se me ocultan las desfavorables circunstancias en que, con relación a usted, me encuentro; y no me perdonaría en la vida mi desgracia, si pudiese pensar un solo instante que me había sido posible evitarla. Esté, señora, bien persuadida de que, no por estar exento de reproches, dejo de estarlo de pena; y aun puedo añadir, con sinceridad, que la que le causo, contribuye a agravar mucho las que yo siento. Para creer en los sentimientos, que me atrevo a manifestarle, debe bastarle con hacerse justicia a sí misma, y con saber que, sin tener la suerte de que usted me conozca, yo tengo, sin embargo, la de conocerla.

No obstante, al deplorar la fatalidad que ha causado sus desgracias y las mías, se me quiere hacer temer que, entregada usted a la venganza por completo, busque los medios de conseguirla hasta en la severidad de las leyes.

Permítame, ante todo, que le haga observar, a este propósito, que su dolor le ofusca, porque mi interés en este asunto está íntimamente ligado al de monsieur de Valmont; y que él se encontraría envuelto en la condenación que usted provocará contra mí. Yo creía, señora, poder contar, por lo que a usted se refiere, más con ayuda que con obstáculos en las gestiones que yo me viese obligado a emprender para que este desgraciado acontecimiento quedase enterrado en el silencio.

Pero este recurso de complicidad, que conviene igualmente al inocente y al culpable, no basta a mi delicadeza; deseoso de descartar a usted como parte, la reclamo como juez. La estimación de las personas que se respetan es demasiado preciosa para que yo deje perder la suya sin defenderla; y creo tener los medios para ello.

En efecto, si usted conviene en que la venganza es permitida, mejor dicho, que es debida cuando se ha sido traicionado en el amor, en la amistad, y, sobre todo, en la confianza; si conviene en esto, mis extravíos van a desaparecer ante sus ojos. No crea en mis razonamientos; pero lea, si tiene valor para ello, la correspondencia que en sus manos deposito29 . Las cartas originales que en ella se encuentran, comprueban la autenticidad de aquellas de las que sólo existen copias. Por lo demás he recibido estos papeles, tal y como tengo la honra de remitírselos, de manos del mismo monsieur de Valmont. No he añadido nada; y he hecho uso tan sólo de dos cartas, que he hecho publicar.

Una era necesaria a la venganza común de monsieur de Valmont y mía, a la cual teníamos ambos derecho; y de la cual él me había encargado expresamente. He creído, además, que prestaba un servicio a la sociedad, desenmascarando a una mujer tan peligrosa como madame de Merteuil, y que, como usted podrá ver, es la única, la verdadera causa de cuanto entre monsieur de Valmont y yo ha sucedido.

Un sentimiento de justicia me ha llevado también a publicar la segunda, para la justificación de monsieur de Prevan, que apenas conozco; pero quien de ningún modo merece el riguroso tratamiento que acaba de padecer, ni la severidad de los juicios del público, más inexorable todavía, y bajo la cual se halla hace tiempo, sin tener medios de defensa.

De estas dos cartas no encontrará usted más que copias, porque yo guardo los originales. Por lo que a las demás se refiere, no creo poder confiar a manos más seguras un depósito que acaso me importe que no sea destruido; pero del cual me avergonzaría de hacer mal uso. Creo, señora, que al entregarle estos papeles, sirvo mejor los intereses de las personas a quienes pueda importarles, que remitiéndoselos a ellas mismas; les libro de la violenta situación en que se hallarían al recibirlos de mis propias manos, y al saber que conozco aventuras que, indudablemente, desean que todo el mundo ignore.

Creo deber advertirle, a este propósito, que la correspondencia adjunta no es más que una parte de otra más voluminosa, de la cual la entresacó monsieur de Valmont en mi presencia, y que usted debe encontrar, al levantar los sellos, bajo el título, que he visto, de cuenta abierta entre la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont. Vuestra merced adoptará, sobre este punto, el partido que su prudencia le sugiera.

Soy con el mayor respeto, señora, etc.

P. D. -Algunos avisos que he recibido y los consejos de mis amigos, me han obligarlo a ausentarme de París por algún tiempo; pero el lugar de mi retirada, secreto para todo el mundo, no lo será para usted. Si me honra con una respuesta, le ruego que la dirija a la Encomienda de... para P... y en el sobre: Señor Comendador de... Desde la casa de este señor tengo la honra de escribir a usted.


París, 12 de diciembre de 17...
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On December 13th, 2006 06:44 pm (UTC), editor_lap commented:
29: La colección presente se ha formado con esta correspondencia, con la enviada igualmente a madame de Rosemonde a la muerte de madame de Tourvel, y con las cartas también confiadas a la misma señora por madame de Volanges, cuyos originales subsisten en poder de los herederos de la referida madame de Rosemonde.
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