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Las · Amistades · Peligrosas


CARTA CIXVIII: LA SEÑORA DE VOLANGES A LA SEÑORA DE ROSEMONDE

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Mi querida y digna amiga: corren aquí rumores extraños y muy enojosos, acerca de madame de Merteuil. Yo estoy, por supuesto, muy lejos de creerlos, y hasta apostaría que no son más que una infame calumnia; pero sé además muy bien cuán pronto toman consistencia las más inverosímiles historias, y cuán difícilmente se borra la impresión que dejan, para que no me alarmen éstas a que me refiero, por fácil que yo crea el destruirlas. Desearía, sobre todo, que esos rumores se desmintiesen antes de propagarse más. Pero recién supe ayer, ya muy tarde, los horrores que empiezan a decirse; y cuando mandé recado esta maligna a casa de madame de Merteuil, acababa de salir para el campo, donde ha de pasar dos días. No han sabido decirme a casa de quién se ha ido. Su segunda doncella, que he hecho venir a hablar conmigo, me ha dicho que su señora no había hecho más que darle orden de esperarla el jueves próximo; y ninguno de los criados que ha dejado, sabe más. Yo misma no tengo idea de dónde ha podido ir: no me acuerdo de nadie que ella conozca que se quede tan tarde en el campo.

Sea de esto lo que fuere, yo espero que usted podrá, de aquí al regreso de madame de Merteuil, hacerme aclaraciones que han de serme muy útiles; porque estas odiosas historias se fundan en circunstancias de la muerte de monsieur de Valmont, de las cuales debe usted de estar enterada, si son verdaderas, o le será fácil, por lo menos, enterarse, lo que por favor le pido. He aquí lo que se dice, o por mejor decir, lo que todavía se murmura; pero que no tardará, seguramente, en hacerse más público.

Se dice que el lance surgido entre monsieur de Valmont y el caballero Danceny, es obra de madame de Merteuil, que engañaba igualmente a ambos; que, como casi siempre acontece, los dos rivales han empezarlo por batirse, y no han obtenido aclaraciones, sino después del encuentro; que estas aclaraciones dieron lugar a una reconciliación sincera; y que para desenmascarar a madame de Merteuil a los ojos del caballero Danceny, así como para justificarse él mismo, monsieur de Valmont unió a sus declaraciones una multitud de cartas, que forman una correspondencia regular que con ella sostenía, y en la cual se muestra madame de Merteuil, en el estilo más libre, protagonista de las anécdotas más escandalosas.

Se añade que Danceny, en sus primeros momentos de indignación, ha entregado estas cartas a todo el que ha querido leerlas, y que ahora corren por París. Se citan, especialmente, dos : una en que hace la historia completa de su vida y de sus principios, y en que se dice el colmo del horror; otra que justifica plenamente a monsieur de Prevan, cuya historia usted recuerda, por la prueba que allí se encuentra, de que él no hizo más que ceder a los avances más descarnados de madame de Merteuil, y que la cita estaba convenida con ella.

Tengo, afortunadamente, las más poderosas razones para creer que estás imputaciones son tan falsas como odiosas. Por de pronto, ambas sabemos que monsieur de Valmont no se ocupaba, seguramente, de madame de Merteuil; y tengo motivos para creer, que Danceny no se ocupaba más de ella. Así, pues, me parece que no pudo ser ni el motivo, ni el autor del lance. No comprendo tampoco qué interés hubiera podido tener madame de Merteuil en que se la supusiera de acuerdo con monsieur de Prevan, para hacer una escena, que no podía sino ser desagradable por su resonancia, y podía ser peligrosa para ella, puesto que le creaba un enemigo irreconciliable en un hombre que conocía una parte de su secreto, y que tenía muchos partidarios entonces. Sin embargo, es de notar que, desde esta aventura, no se ha elevado ni una sola voz a favor de Prevan, y que, ni por parte de él mismo, ha habido una sola reclamación.

Estas reflexiones me inducen a sospecharle autor de los rumores que corren hoy, y a mirar estas tenebrosidades como obra del odio y de la venganza de un hombre que, viéndose perdido, espera, por este medio, sembrar, al menos, dudas, y procurar, tal vez, una diversión útil. Pero vengan de quien vinieren estas infamias, urge el destruirlas. Caería por su base, si se averiguase que, como es verosímil, monsieur de Valmont y monsieur Danceny no se hablaron después de su desgraciado encuentro, ni hubo entrega de cartas.

En mi impaciencia por comprobar estos hechos, he enviado esta mañana a preguntar por monsieur Danceny. Tampoco está en París. Sus criados han dicho a mi lacayo que había partido esta noche, a consecuencia de un aviso que había recibido ayer; y que era un secreto el lugar donde se hallaba. Indudablemente teme las consecuencias de su lance. Únicamente por usted, mi querida y digna amiga, puedo yo saber los detalles que me interesan, y que pueden ser tan necesarios a madame de Merteuil. Reitero a usted la súplica de que los proporcione lo antes posible.

P. D. -La indisposición de mi hija no ha tenido consecuencia alguna; y me encarga que le presente sus respetos.

París, 11 de diciembre de 17...
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